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VÍNCULO

Honestamente pienso que existe un maravilloso y especial vínculo entre un perrito y su dueño.

Puede parecer absurdo para quien lea esto y no tenga animales, pero creo que quien vive la vida sin la cercanía de un amigo canino, se está perdiendo algo verdaderamente auténtico.

Un amigo canino es de los pocos amigos fieles y leales que pueden permanecer a tu lado dando todo su corazón en esta era de la historia donde esos valores están en desuso.

Verás, no te juzga, no te hiere, acepta las condiciones que estableces, no se enfada ni te guarda rencor. Se acerca a ti cuando sabe que no estás bien, se queda a tu lado cuando sabe que necesitas un abrazo; a veces, hasta te los da, y te besa.

Así pues, te miran con sus ojos porque te leen el alma, te la sanan cuando está un poquito rota y se alegran eufóricamente cuando te perciben feliz.

Lamentablemente, por ley de vida, ellos se marchan antes y saben hasta despedirse. Son tan buenos, que no quieren incomodar con sus dolencias cuando éstas aparecen a edad avanzada o por una maldita enfermedad. Parece que se sintieran apurados por saber que los cuidados hacia ellos aumentan, por las circunstancias.

Cuando se marchan, un pedacito de ti se va con ellos; y otro pedacito de ellos se queda anclado en tu ser para siempre.

Si el amigo canino es quien tiene que despedir a su dueño, es tan duro para ellos…tan tan duro, que puede que sigan buscando a su dueño para toda la vida, o puede que ellos se marchen para siempre con su estrella.

Yo tuve que decir adiós a mi fiel amigo y también dar nuevas bienvenidas, solo por eso… Por ese enorme regalo que la vida y Dios me dieron me puedo sentir profundamente afortunada para el resto de mi vida.

Ojalá y disfrutéis de algo tan sincero como ese amor, se trata de un vínculo de ocho tumbado.

C.M.G.
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LA PUPILA

Pasó, sucedió, fue y ya. Y está bien. Todo está bien.

Puede que las estrellas alumbraran menos pero seguían estando ahí.

La brisa sigue acariciando mi rostro, los rayos de sol siguen tocando mi piel y mis pies me siguen llevando a las zonas más interesantes.

La historia sigue escribiéndose con las manos que también acarician.

La mirada continúa lo más firme que ha aprendido en este tiempo.

Sigo ofreciendo todo el amor que cabe en este cuerpo, tatuado también.

Ha habido momentos donde el camino se ha consumido tanto que ni mi pequeño pie cabía, pero me siento tan afortunada por tener bellos corazones que donaron pedacitos de asfalto para continuar

¡Qué suerte tener esa jodida forma de ser incapaz de dañar a una mosca!, ¡qué suerte que tengan que explicar los chistes a una mente tan inocente! y ¡qué fortuna la naturaleza que brota de los poros de la piel!.

Bendita verdad, pureza, sonrisa y lágrima, todo junto, batido, atravesando cualquier tormenta o disfrutando de un cielo azul.

Qué bueno sentir ese miedo, ese cúmulo de defectos que hacen única a una persona.

Mirar atrás, al presente, al futuro…aunque duela, a veces, está bien, necesario.

Qué fortuna escribir bonito,lento y suave sin dañar el papel sobre el que se escribe.

Hay muchas batallas ganadas, pese a que lo que me esperase fuera una absoluta derrota.

C.MG.
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A TI

A ti, que siempre estuviste ahí, dándome todo el amor que necesitaba.

A ti, que te quedaste a mi lado cuando las nubes se tiñeron de negro.

A ti, que pese a todo me has mimado y dado todo aquello que estaba en tus manos.

A ti.

A ti, que has llorado conmigo y antes de secar tus lágrimas, has secado las mías.

A ti, que has buscado la manera de abrazarme en tiempos carentes de abrazos.

A ti, que se te ha desgarrado el alma cuando me has visto por el suelo. Y sin pensarlo has llegado. Y me has tendido tu mano.

A ti.

A ti, que has preferido escuchar el susurro de mis palabras antes que la música.

A ti, gracias a ti. Por estar cuando más lo necesito. Gracias a ti por darme la mano bajo esta tormenta. Y por arropar el temblor.

Ahora tú vales por mil.

C.M.G.

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EL FOTÓGRAFO

Hoy invade la melancolía, al repasar los recuerdos vividos con un sabio como era él.

Una comprende que la edad llega, que llega el momento de la partida…

Pero hay dolor y tristeza, porque se ha ido sin despedidas y sin recibir la despedida que se merecía.

Recuerdo sus ojos cómo miraban y cómo lloraban. Siento acercarme a la lástima que sentía. Y se me hace escuchar su voz narrando poesías.

Guardaré con amor la que me regaló y en la mente las que me dedicaba.

También los buenos momentos, esos de risa que nos brindó.

Y la fotografía, su gusto por ella, la que me hiciste.

Brilla y da luz, que has dejado aquí una huella y un puñado de reflexiones.

Hasta siempre.

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C.M.G.

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PEQUEÑECES

Estaba sentada en una butaca, respaldo inclinado hacia atrás, los pies tocando el suelo.

Ya estaba comenzando a hacer calor, este bochorno que se te mete en el cuerpo cuando se va acercando el estío.

Se paró, y observó el cielo. La manta extensa de estrellas que lo adornaba. Estaba precioso.

Últimamente lo miraba más, la vida de antes con sus prisas y ajetreos no daba lugar a parar e inclinar la mirada hacia arriba. Demasiada prisa.

Ahora tenía tiempo para observarlo, respirarlo, analizarlo y, lo más importante, vivirlo.

Era una noche sin más, nada de especial e igual todo lo especial que en realidad es cada noche, por el hecho de sumar un día más al libro de nuestra vida.

Puede parecer extraño. Un patio, una butaca, el silencio y un cielo estrellado junto a una ligera brisa. Y así, sin más era feliz. Porque quizás la felicidad era eso, la magia de las pequeñas cosas, esas pequeñeces que si un día te las arrebatan, comienzan a recibir todo el valor que antes no le diste.

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C.M.G.

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FRATERNIDAD

Uno no escoge a sus hermanos, ni su sexo, ni el número de ellos, ni la edad ni el momento en que llegan.

A uno, la vida lo premia con un lazo de sangre irrompible. De esos lazos que no se ven pero que se sienten. De esos que te permiten conectar aunque no los veas, aunque estén lejos, aunque las circunstancias cambien.

Mi lazo es moreno, de pelo rizado y ojos nocturnos. Mi lazo se formó dos años y medio después de que me plantaran en este mundo. Un lazo tan inquieto como luchador.

Aunque a veces apriete, mi lazo me sujeta del otro lado, me sostiene, me muestra la luz del camino, me quita las piedras del mismo o busca ayuda cuando no puede evitar que tropiece con una de ellas.

Mi lazo es el lazo más bonito, maduro, fuerte, inquebrantable que haya visto jamás.

Ese lazo hoy crece un poquito más, y pese a las lluvias, tormentas y mareas, es el lazo más lindo que me pudieron regalar.

Es el lazo de la fraternidad.

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C.M.G

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CORONA EL AMOR

Llegó, por un lado, siendo avisado, y por otro, casi sin avisar; de un modo en que nadie imaginaba y con unas dimensiones que asustaban. 

Cada vez, pasos más atrás…el pánico se fue apoderando de la ciudad, de todas las ciudades y pueblos, incluso de aquellos/as que parecían intocables. 

Y así fue como se acercó y se incrustó en personas, de todo tipo, de todas las edades, con o sin dolencias, con bolsillos vacíos o llenos, con cargos importantes o sin ellos, de aquí y de allá; infectó a personas porque para el virus, las personas no tienen ni sexo, ni edad, ni nada…El virus es menos discriminatorio que nosotros…

Casi sin tiempo a prepararlo, cada cual tuvo la responsabilidad de abandonar la vida que tenía hasta el momento, dejando de lado planes, ilusiones, sueños…por el momento, al menos. 

Con un dolor enorme en el pecho las distancias entre las personas cada vez eran mayores y obligatorias, ya no se podían dar dos besos, ni apretar las manos, ni hacer una caricia…Incluso a cada rato, cada cual tenía que purificarse a sí mismo. 

Así pues, el ser humano mostró su cara más dulce, respetando normas, acatando responsabilidades, limitando la actividad social, haciendo uso de lo necesario y mirando por el compañero;  pero también su cara más fría, mirando a su propio ombligo, olvidando que viajando el contagio se podía expandir, saliendo a tomar cervezas como tal cosa, abarrotando parques o acaparando en el supermercado con muchísimo más de lo que hace falta. Locura. Rompiendo todas las cadenas de hermandad y humanidad que nos unen.  

Pero es que esto es más que una pandemia, más que una alarma social…Todo esto tiene un trasfondo tan grande, que va a hacer falta mucho más tiempo del que nos espera para superarlo, para sacar las propias conclusiones, para exprimir este enorme aprendizaje.  Y es que este lavado de humildad es mucho mayor que los lavados de manos constantes a los que nos estamos viendo obligados a cumplir. 

Porque con esto nos estamos dando cuenta que cuando un problema llega, eres consciente que antes no tenías casi ninguno, por no decir ninguno. Porque dejas las niñerías de lado. Porque valoras un abrazo a tu hermano, el beso de mamá, o el apretón de manos de papá. La caricia de tu abuela. Recuerdas como hace unos días bailabas a menos de medio metro con tu mejor amiga en esa discoteca que ahora ha echado el cierre. Recuerdas que ya no puedes escribir a tus amigos para ir al bar a tomar un “algo”, ni planear viajes por un tiempo. Que esa playa tendrá que esperar. Que por un tiempo no escucharás el alboroto de los niños en el patio de colegio. Y con angustia, tienes que despedir a tus compañeros cofrades, a tus pasos, al menos por un tiempo, aunque en el fondo sepas que el tiempo ya está perdido…Porque es como si hubieran suspendido el mundo. 

Ahí es ahí donde valoras tanto que tenías, tanto que podías hacer y ya no, por el momento no. Las noticias bombardean, el móvil no lo sueltas. Una peli, un escrito, las 18:00,  un “¿cómo estás?”, un lavado de manos, un café, las 18:50…, otro lavado de manos. 

Y de cara, y de mente. Porque piensas tanto que… piensas en el que huye de una guerra, el que huye de la soledad, el que no se puede quedar en casa porque no tiene casa. Piensas en lo absurdos que a veces somos, cuando hacemos un drama al tener que respetar un mínimo, que ya hubieran querido nuestros antepasados que lo único que se les pidiera fuera eso, permanecer en sus hogares. 

Y entre tanto coronavirus, también corona algo que se llama “amor”, porque esto sí que no se puede perder, pues es el único hilo de esperanza que mantiene unido al ser humano. Amor del personal sanitario, amor de quienes han pasado por esto y ofrecen su mano, amor de quienes van entre una semana y diez días por delante nuestra y nos alarman e intentan proteger como buenos hermanos, amor altruista.

Y por la noche, los rezos son más fuertes, pidiendo por los nuestros, que no nos toque, que el de arriba nos de salud, fuerza y que el bicho se largue pronto. Porque a veces, solo nos acordamos de Dios para pedir, no tanto para agradecer. Y eso también es reprochable. Porque ahí es donde se ve que el ser humano tiene más taras de las que creíamos. 

Aunque sí, lo cierto es que no es momento de reproches, aunque haya cosas que reprochar. Es el momento de unir lazos, dar apoyo y madurar como seres humanos, para que, lo antes posible, esto quede en una pesadilla de la que salgamos fortalecidos. 

Ojalá ahora más que nunca reine ese amor que a veces también se suspende, y ojalá no tenga que llegar ningún virus nuevamente para quitarnos la venda que teníamos en los ojos. 

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                                                                                                                                      C.M.G.

 

 

 

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BAUTISMO

Tanto tiempo buscando un nombre a algo que lo tenía, que existía.

Y es que parecía como cuando pierdes algo y tienes la corazonada que lo vas a encontrar. Así ha sido.

Tan extraño tras tanto tiempo, tantos años que cuando la búsqueda da su resultado, existe una sensación extraña mezclada por la satisfacción, alegría y sin darte cuenta, cae una lágrima.

Y es que poner nombre, bautizar algo que está ahí da una especie de serenidad, protección y a la vez, vértigo.

Sí, mucho vértigo. Porque ahora toca trabajar incluso más que antes.

Ahora se necesita continuar, avanzar, y salir.

Así pues, se necesita acoger con los brazos abiertos dando un abrazo enorme a lo que ha llegado a ti tras pegar en tantas puertas, colgar tantos carteles.

Satisfacción.

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C.M.G.

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CAJONES

¿Cuántas veces en la vida abrimos cajones?

Cajones con olor a pan recién hecho. 

Cajones para amores olvidados, y cajones para los que están por venir. 

Cajones llenos de lágrimas que cayeron y se quedaron guardadas para humedecer esas secas manos que abren…

…Cajones…que acumulan miles de recuerdos de una infancia arraigada al alma. 

Y de otros cientos de momentos que no se repetirán y que nos sacan muecas en la boca hacia arriba o hacia…

…Abajo…Ahí hay… 

…Cajones con sabor amargo, que se cerraron con la promesa de no volverlos a abrir. 

¡Cuántos cajones llenos de miedos! Miedos que se enfrentaron, otros que no se intentaron y otros que quedan por atravesar como autosuperación. 

Y más cajones…

Cajones que se abren y una vez abiertos, te sientas, los miras y no recuerdas para qué los abriste. Porque necesitas tiempo, necesitas respirar.

Eso es. Cajones llenos del aliento que a veces nos hace falta. 

Cajones llenos de ganas cuando el ánimo flaquea. Agarrándonos a una simple sonrisa, para mantener el equilibrio. 

Cajones llenos de equivocaciones; de la de veces que le fallamos a quien no se lo merecía y otros tantos cajones llenos de todas las ocasiones en las que nos hemos fallado a nosotros mismos.

Y más cajones. 

Para guardar abrigos para el frío. 

Cajones para guardar la ropa de un ser que verá la luz gracias a nosotros. 

Y cajones con la sinfonía de nuestra vida, a su vez llena de diversos pedazos de canciones que marcaron nuestra historia.

Y cajones por descubrir…

…de todo eso que…

…nos queda por vivir.  

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C.M.G. 

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CURADO

Se va a ir quedando el pasado atrás cada vez que des un paso adelante en esta bonita ciudad. 

Por cada zancada que des, por cada impulso, no más. 

Cada vez que respires con los pulmones abiertos para purificarte los pensamientos. Aunque a veces la respiración sea más rápida, vas a comenzar a respirar como necesitas. 

No solo respirando oxígeno, si no, amor, hogar, calor, paz y gratificación. 

Se va a ir quedando olvidado esa pesadilla constante gracias a la constancia que pones para olvidar lo que ya no te merece.

Vas a continuar dando uno, dos pasitos, más, cogiendo carrerilla para brillar, allá donde brillan los fuertes. 

Y lo vas a lograr, porque las almas bonitas, puras, como la tuya necesitan volar, sentirse libres dejando el pesado equipaje atrás; sin que una cadena le apriete las muñecas.

Y vas a seguir, y continuar, como has hecho tantas otras veces. Porque no has dudado en seguir, en aguantar, en persistir y ya, ya es hora que la vida te lo vaya recompensando. 

Porque tras ser herido, uno es curado. 

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C.M.G.