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DIEZ

Coraje, el mismo con el que lo has abordado cada minuto desde ese preciso momento.

Fuerza, como la que has sacado de donde no sabías que existía.

Amor, el que a veces se camuflaba porque parecía no haber razones para amar cuando el mundo, sin amor, no es nada.

Verdad, como la que siempre te ha definido, una verdad pura, transparente realidad, sin adornos mentirosos ni nada que se le asemejase.

Lucha, como la que has continuado un día y otro y otro incluso con las cosas más sencillas, esas pequeñas cosas que parecen insignificantes, para ojos ajenos, claro está; pero que muy bien sabes la transcendencia que tienen.

Perseverancia, tal como la que has realizado en los trescientos sesenta y cinco últimos días, porque insistir a veces es el camino hasta dar con aquello que buscamos.

Calma, como la que no ha existido en muchas ocasiones pero que has luchado por tener, cogiendo y echando ese aire, una y otra vez, con la conciencia plena en aquello que estabas haciendo y trayendo una y otra vez cada segundo que se despistaba. 

Aprendizaje, el que has intentado sacar de todas y cada una de las historias que te ha tocado digerir .

Empatía, la cual en ocasiones ha podido ser excesiva, que ha podido llegar al dolor propio por ponerse en piel ajena, pero has seguido, y esa empatía lo dice todo, todo de la persona, de la calidez humana del individuo. Es la llave para abrir los corazones ajenos y tocar en el corazón del otro.

Dulzura, aunque a veces haya salido a relucir un poco la bestia que todos llevamos dentro, se necesita dulzura, ser mucho más dulce de la tanta sal que existe en ocasiones.

                                                                   C.M.G.

 

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SI FUERA EL AMOR LO QUE ATENTARA…

Día diecisiete del año diecisiete a las diecisiete horas, atentado en uno de los maravillosos lugares que tiene España (sí, España, pese a quien le pese): Barcelona. Fallecidos inocentes entre ellos niños que me ponen la piel de gallina, heridos; población aterrorizada, miedo, pánico, llanto, desesperación, incomprensión. Familias destrozadas y otros que aunque no sean familia lloran por las calles mientras encienden las velas en memoria de esos humanos inocentes. Peluches en recuerdo de los más pequeños que ya no serán grandes, aunque ya se fueron al cielo siendo gigantes. 

Dicen esos terroristas, que poco tienen que ver con el género humano, que lo justifican todo en el nombre de Alá. No. Ninguna guerra es justificada en nombre del Dios del que mata. Así no se vive. Así no hay modo alguno de convivir. Ser musulmán nada tiene que ver con ser terrorista, y por generalizar, muchos de esos musulmanes salen a la calle sintiendo vergüenza ajena sobre lo ocurrido y explicando a la sociedad lo que realmente es su religión y el dolor que sienten sin necesidad de mediar palabras.

No se trata de moros ni cristianos, ni judíos o budistas, no se trata de religión, se trata de humanidad, una humanidad que se va a la quiebra porque no existen valores humanos, porque no hay respeto ni solidaridad. No hay colores ni ideas ni sexos, solo debería haber corazones que se abrazaran unos a otros para que el mundo fuese un lugar mejor donde vivir.

El “basta ya” o “el terrorismo no podrá con nosotros” del presidente del gobierno de turno no va a solucionar nada, no va a evitar que se pongan bombas o que furgonetas se lleven por delante a pobres inocentes sin culpa de nada.

Si quienes comienzan las guerras tuvieran el mismo valor para poner sus vidas en juego o perderlas como esos pobres inocentes que salen a la calle de sus casas sin saber qué no van a regresar jamás, las guerras no existirían, viviríamos en paz. 

Y es que vivir en guerra es la idea más absurda y sangrienta de la historia, carente de sentido, carente de corazón. 

Son muchas las cosas que hay que cambiar, muchas, demasiadas para estar en la era tan “adelantada” en la que decimos que estamos. 

Pero solo cambiará todo el día que dejemos de hablar son saber lo que decimos, dejemos de mirar nuestro ombligo y actuemos. 

Puede pasar en cualquier sitio, hace dos días fue en Barcelona, haber poco fue en París, a diario pasa en Siria o Yemen, mañana y puede pasar a ti, no se sabe. 

¡Es tiempo de reaccionar!

C.M.G

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A MARÍA Y SU PAPÁ

Digamos que tuve más que suerte por conocerla.

Pensemos que del caos surgió la coincidencia de la vida.

Afirmemos que mi ansiedad se ha calmado siempre que la he tenido a mi lado, porque sabe acariciar el alma, sabe hacerlo como nunca antes lo había visto.

Decidamos continuar el viaje de su mano, en la distancia pero como siempre dice ella, “estamos bajo el mismo cielo”.

Dejemos las patochadas de lado, aquello que no es importante, ni esencial, dejemos que corra el aire y respiremos amor, momentos, detalles. Respiremos personas, respiremos ángeles. Respiremos a él, su esencia, su alma.

Intentemos sonreír, hagámoslo por quienes nos enseñaron a dibujar esa curva en nuestro rostro, sonriamos porque él lo querría. 

Decidamos aprender de todo esto, que necesitará su tiempo de digestión, no nos presionemos. Pero no dejemos de aprender de la gran leyenda que ha dejado escrita y grabada en la historia de nuestras vidas.

Continuemos aprendiendo de su dulce forma de tratar. De la de él. De la de ellos. 

Continuar la vida, el viaje, desarrollar la resiliencia, la que has desarrollado, amiga, un poquito más. Se puede. Se consigue. Es viral.

Intentemos ver el rayo de luz a cada tiniebla. Y toma mi mano, que la distancia no es nada.

Miremos al cielo, sonriamosle a la estrella más grande, la que lleva su nombre. 

Y adelante, que como esta leyenda ha mostrado, hay que ser valiente y no tener miedo, jamás.

C.M.G.

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OJOS DE AMOR

Abro brazos de par en par. Confío ciegamente en las personas. Me gusta regalar sonrisas aunque haya días en los que estas no se despierten. Tomo cariño con facilidad. Trabajo por ser fiel a mis principios. Escucho lo que me cuentan. Guardo secretos. Soy capaz de traicionarme a mí misma antes de traicionarte. Cuento mi vida. Comparto mis pensamientos. Me corre por las venas junto a mi sangre la ajena también. Lloro si veo llorar o sufrir. Sonrío cuando la suerte le sonríe a las personas. Me emociono con música que eriza el vello. Detesto palabras malsonantes. A veces me afligen demasiado las noticias de un telediario. Empatizo en exceso. No soporto la hipocresía. Mi cara refleja mi alma. No se hacer teatro, nunca me gustó. En ocasiones trato de amigo a quién tendría que haber dejado un margen de distancia y haber dado más tiempo. A veces corro demasiado. Otras, me pilla el toro e incluso desespero a quienes les toca esperar más de lo esperado. Busco tiempo de donde me pidas. Lo que me gusta de tus lágrimas es que esté yo para secarlas. Doy consejos que no me aplico. Soy más negativa que positiva pero cuéntame tus problemas, que para todos y cada uno de ellos encontraré una solución. Amo la infancia. Mi devoción es la educación de los más pequeños, el desarrollo integral del ser humano, desde que nacemos. Desde que somos. Me emociono si me cuentas que viene un nuevo miembro a este mundo. Te voy a anteponer a ti antes que a mí misma. Soy un poco niña, por tamaño y por alma. Te diré la verdad, detesto las mentiras y si intento mentir me vas a pillar antes que abra la boca por el tono de mis mejillas. Me compadezco de historias que luego no son lo que parecen. Perdono a quienes me piden perdón e incluso a quienes no lo hacen. Tengo poco pero lo poco que tengo me gusta compartirlo. Empatizo demasiado. No comprendo la vida sin abrazos, palabras de fe, de esperanza y besos sinceros. Mi medicación favorita son los besos que me des en la frente como si me protegieran de todo. Considero que hay que amar a todo el mundo y que todo el mundo tiene derecho a ser amado. También creo que todo tiene una causa. Pongo la mano en el fuego por personas por las que luego me quemo. Mi color favorito además del verde es el transparente. No veo los tonos oscuros de las personas que me rodean aunque sí resalto constantemente los míos como respuesta a mi excesiva necesidad de perfección, esa que no existe. Te daré la mano si te caes o me tiraré al suelo contigo. No tengo medio de mantener el orgullo. Y sí, me equivocaré cientos de veces. Ya lo he hecho. Me llamarás “tonta”, me dirás que tengo que abrir los ojos, que cambie. Y también la cagaré porque ya la he cagado en muchas ocasiones porque soy persona, humana y además desastrosa. Sin embargo, continuaré así, porque no conozco otro modo de vivir la vida, no la puedo entender de otra manera que no sea mirando con los ojos del amor.

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  C.M.G.