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LUZ

Aunque el día esté nuboso, da luz.

Soy consciente de lo afortunada que soy por ser alumbrada mi vida de ese modo.

Es analgésico un abrazo cálido suyo o un suave beso en la frente.

Es el relajante muscular más natural que he tomado jamás, dotando de serenidad toda tempestad.

Lo increíble es que alguien a quien la vida ha tratado tan injustamente sea capaz de ser tan humanamente justo con los demás, de derrochar tanta solidaridad y de mostrarse al mundo como un libro abierto del que cualquiera pueda aprender. En más de una ocasión me hubiera gustado haber cambiado el curso de los acontecimientos para aliviar ese dolor, pero yo no soy Dios. Solo ofrezco lo que mi ser puede dar. 

El caso es que es casi inhumano que no se queje de nada y responda que todo va bien, con esa sonrisa en la cara, bueno, mejor dicho: “genial”.

Sabe susurrarme incluso sin tocarme la oreja lo que necesito oír.

Valora lo que le rodea, y me valora, y respeta, además de velar por mi bien. Dice que es lo mínimo que merezco. Me sobrevalora, debe ser para compensar las infravaloraciones recibidas.

Me ayuda cuando me caigo, me suaviza los arañazos, sabe equilibrar cada paso.

Respeta cada decisión sin juzgar, ni criticar; solo respetando. 

Y yo pienso, hago balance y me siento emocionada al ver cómo la vida te pone flores en el camino para que tus pies arañados se suavicen con el fresco tallo y los suaves pétalos. Es así como las heridas van cicatrizando y paso a paso todo se va normalizando. 

Ahora, sonrío, continúo y aprendo. 

Y todo ello alumbrada con una afortunada luz que alumbra mis ojos viendo aquello que ni siquiera sabía que existía. Una suave luz.

 

 C.M.G.