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EMOCIONES EN TIEMPOS DE CRISIS

La impotencia de no poder apapachar con los brazos abiertos.

El agobio de que por mucho aire que inhales, no sea igual que antes por un bozal protector que no permite leer labios, ni contagiar sonrisas.

El cansancio de recibir constantemente mensajes que ya pesan, de tristes noticias, aunque de vez en cuando haya rayitos de luz, necesarios para calentar este frío y eterno enero.

La rabia de ver las rejas echadas, sin escuchar el vocerío, imaginando los sacrificios para continuar de quienes tienen las llaves de esos candados.

Las desesperación de esperar la solución que se va dando a paso de crucero, con la angustia de desconocer un futuro.

El dolor de las pérdidas, porque si, el ser humano es egoísta y lo demuestra quien incumple las normas sin importar lo que puedan perjudicar a quienes les rodean, pero también tiene empatía, y duele ponerse en pieles ajenas, pero es tan necesario...

El enfado al ver quienes más rebosados tienen los bolsillos de billetes tienen tan poco tacto, le dan la espalda al pueblo cuando este está bajo sus órdenes.

Ese enojo al ver cómo las mentiras se han sucedido diariamente sin el valor de reconocerlo ni pedir perdón.

La desilusión por ver cómo en vez de unirnos como hermanos, las manos se han alejado, y no precisamente por las medidas de seguridad.

El mareo por tantos cambios vividos en esta montaña rusa.

Y sí, hay buenas almas, hay avances, hay verdades y también algunos homenajes, a los que hay que sujetarse como un clavo ardiendo.

Sí, hay calma a veces y las miradas se han convertido en protagonistas. Pero también hay que hablar del desastre, del destrozo porque puede que hayamos estado rodeados de demasiados arco iris, demasiadas esperanzas cuando había muchísimas preguntas en el aire sin respuestas, tantas dudas...

Ojalá todo mejore, se llenen las calles de seguridad, de sonrisas, alegría. Que regresen los abrazos, besos, tan necesarios todos. Que vuelvan los viajes, los reencuentros. Las fiestas y hasta los burullos.

Y esto solo es un mililitro de emociones guardadas en el frasco de los sentimientos en tiempos de crisis.

C.M.G.

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