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FRATERNIDAD

Uno no escoge a sus hermanos, ni su sexo, ni el número de ellos, ni la edad ni el momento en que llegan.

A uno, la vida lo premia con un lazo de sangre irrompible. De esos lazos que no se ven pero que se sienten. De esos que te permiten conectar aunque no los veas, aunque estén lejos, aunque las circunstancias cambien.

Mi lazo es moreno, de pelo rizado y ojos nocturnos. Mi lazo se formó dos años y medio después de que me plantaran en este mundo. Un lazo tan inquieto como luchador.

Aunque a veces apriete, mi lazo me sujeta del otro lado, me sostiene, me muestra la luz del camino, me quita las piedras del mismo o busca ayuda cuando no puede evitar que tropiece con una de ellas.

Mi lazo es el lazo más bonito, maduro, fuerte, inquebrantable que haya visto jamás.

Ese lazo hoy crece un poquito más, y pese a las lluvias, tormentas y mareas, es el lazo más lindo que me pudieron regalar.

Es el lazo de la fraternidad.

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C.M.G

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